hd1p #116 – Bueno o pringao

Nos acercamos al final de la semana. Ya queda poquito

Vengo a contarte una historieta “de actualidad». Lo que se dice producto fresco…jajaja

Pero antes comparto mi postura sobre una situación que seguro que habéis escuchado antes…

Y es que como sabes, hay dos tipos de personas en el mundo

  • Aquellos que confían en las personas hasta que les demuestran lo contrario
  • Aquellos que no confían en las personas hasta que les demuestran que se puede confiar en ellas

Yo siempre he preferido ser del primer grupo. A sabiendas de que por el camino te vas a llevar tortazos de vez en cuando. Y sin que esto quiera decir que uno no intente conocer a la otra persona lo mejor posible para limitar los errores.

Pero siempre me pareció una pena aquello de desconfiar por defecto. 

Hasta aquí una primera clasificación.

Y ahora te cuento…sobre Ricky

Ricky tiene una cuadrilla de albañiles. Desde hace años.

Le conocimos hace 2 años, cuando trabajamos con él en un par de proyectos. Uno de los proyectos salió bastante bien. Y era complejo. Así que bueno, Ricky sabía lo que hacía…

Ya en el segundo proyecto las cosas se torcieron un poco. A lo mejor es que Ricky no sabía del todo lo que hacía. O que estaba trabajando con nuestra amiga Dulci (email #054).

Ya sabes cómo fue la historia con Dulci, así que bueno. Quizá Ricky sabía lo que hacía y las cosas se torcieron por…bueno, ya sabes (Dulci es mucha Dulci).

Por unas cosas o por otras dejamos de trabajar con Ricky.

Eso fue hasta hace 8-9 meses. Me llamó. Estaba buscando trabajo. Coincidió con que teníamos un proyecto más o menos sencillo. Y bueno, al fin y al cabo Ricky ejecutó aquel proyecto en el que todo fue bastante bien.

¡Adelante con Ricky!

Dos semanas después estoy sentado en la oficina con Ricky. Y con Neferet, jefa de obra. Estamos liquidando con Ricky tras una semana de errores, mentiras y más mentiras. Por el camino el cliente ya se ha enfadado. Así que fue una “gran semana”.

Hasta aquí Ricky.

O no.

Tras aquella reunión en la que “salió” de la obra, Ricky me llamó semana tras semana. 

Se disculpo por aquella situación. Me contó que había tenido problemas importantes con otro cliente, que estaba sin dinero en ese momento y que por ello le había salido todo mal.

Ya.

Pero Ricky siguió insistiendo. Volvía a llamar. Volvía a escribir. Que no fallaría si le dábamos otra oportunidad. Que ya había resuelto sus problemas. Que bla bla bla.

Y aquí es donde entra en juego la figura del “pringao”. Lo puedo decir así porque en este caso…pues ese soy yo 😑.

No sé si es pena. No sé si es no perder la esperanza en la condición humana. No sé lo que es.

Pero le damos (doy) otra oportunidad a Ricky. Podría entrar en los detalles de la historia, pero como llevamos un rato de email y ya te has acabado el café, resumiré diciendo que duró 5 días en la obra (en este caso con Abel, otro jefe de obra).

Así que escribo este correo a ver si con ello logro acordarme yo mismo de no volver a hacer el pringao. O dicho de otro modo…no volver a hacer un Ricky.

Porque a estas alturas de la vida, ya sabemos que las personas adultas no cambian. Vale, no suelen cambiar. Así que si alguien te la ha liado, digamos, 1,5 veces, lo más probable es que lo vuelva a hacer.

Y a menos que te guste la ruleta rusa, deja que sean otros los que pasen por la siguiente iteración de Ricky.

Porque aunque uno quiera ser muy bueno (pringao), jugar a la ruleta rusa sale caro. Y lo paga tu equipo. Y lo pagan los clientes. Y (sí), lo pagas tú.

Así que, volviendo a los inicios del correo, a ver si de cara a futuro logro quedarme dentro de esa categoría de personas que “confían hasta que les demuestran lo contrario”, pero logro dejar de ser…eso, un poco pringao 😅.

Y ya si conseguimos que algún otro lector evite caer en los mismo errores, al menos podremos decir que fue gracias a Ricky (ya sabes aquello de “no hay mal que por bien no venga”).

Seguro que no soy el único que ha pasado por un Ricky, ¿me cuentas tu historia?

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